Andrés Ferreras, el hombre de la sonrisa
Es el hombre de la sonrisa, siempre te lo encuentras con la sonrisa en la boca y es una sonrisa que contagia.
He convivido con él en Valdepeñas y en Madrid. En Valdepeñas trabajábamos juntos en el colegio y en el seminario, cuidando de los seminaristas. Formábamos un buen grupo con el P. Benedicto, el P. Vicente Ruiz y el P. Aurelio. Fueron buenos tiempos…
Le ha gustado siempre trabajar con los jóvenes, por eso hizo Magisterio y aún hoy le gustaría estar en una comunidad que llevara un colegio, para poder trabajar con los niños.
Cuando he necesitado ayuda y consejo ahí ha estado, tanto en las cuestiones de colegio como de comunidad. Recordaré siempre sus palabras de aliento, sus sonrisas, su pasión por la enseñanza. Me inspiraba a seguir adelante con el mismo compromiso y entusiasmo que él mostraba. Con él los problemas parecen menos problemas.
Seguro que su capacidad de motivar a los estudiantes, su sentido del humor, su paciencia y su compromiso con su enseñanza han sido el motor que impulsó a muchos a superar obstáculos y alcanzar sus metas. Ha sabido transmitir conocimientos, pero también valores que perdurarán en los alumnos.
Es un hombre comprometido y siempre quiso ir a las misiones, y cuando le dejaron marchó a Perú y estuvo atendiendo a los más pobres en el Muyo. No me he enterado mucho de lo que hizo por aquellas tierras, pero seguro que puso el mismo empeño y entrega que en todo lo que hizo por aquí. Porque como Jesús quiso estar al lado de los más pobres y desfavorecidos para llevarles la buena noticia del amor de Dios y dar razones de vida y esperanza a esas gentes con el testimonio de su vida.
Podría contar un montón de anécdotas con los profesores, con Manolo y Bibiano, el fútbol… de sus despistes: Él, siendo director del colegio S. Juan García, en Aluche, necesitaba un profesor de Sociales, y me destinaron a mí para que diese esa asignatura, porque creía que yo era profesor de Sociales, pero yo no daba clases en ese tiempo de Sociales, sino de Lengua.
Ah… y si queréis conocer una ciudad que os lleve él, para ir a un sitio daréis vueltas por toda la ciudad hasta llegar a ese sitio, eso me pasó a mí cuando me acompañó para ir a la Facultad de Bellas Artes, que yo era recién llegado a Madrid, me llevó por la Biblioteca Nacional, la Escuela de S. Fernando y nos recorrimos medio Moncloa hasta llegar a la Facultad; o para ir al hospital de la Milagrosa con el P. Pascual que se había lesionado, que casi salimos de Madrid para coger la carretera de Valencia, cuando el hospital está en el centro.
Y no digamos nada de su famoso viaje Ciudad Real - Madrid – Córdoba.
Hoy, aprovecho esto para agradecerle su trabajo, su vocación y su entrega. Ha sido y es un ejemplo para mí. Es un privilegio tenerlo como hermano.
Miguel Ángel Castillo