Antonio Elverfeldt, el alemán, enamorado del Signum Ordinis
Antonio Elverfeltd, tiene muchos más apellidos que no suele escribir. Es conocido por todos como “el alemán” por sus rasgos físicos que lo delatan. Habla perfectamente el alemán, inglés, francés y … el andaluz, aprendió directamente la pronunciación andaluza y es muy simpático escucharle. Por donde pasa arrastra a la gente con su sencillez, cercanía, inteligencia y simpatía.
¿Pero que hace un alemán trinitario en España? ¿Cómo llegó hasta aquí? Su historia vocacional nos impactó a todos sus compañeros. Era un joven que trabajaba en una próspera empresa de marketing en Frankfurt. Un joven de una extensa familia noble del sur de Alemania (de hecho tiene más nombres y apellidos de los que escribe) de tradición cristiana, criado con todo y con mucha exigencia. Un joven que había viajado y experimentado mucho. Un joven con trabajo, vivienda, dinero, amigos, amigas… y sin embargo aún le faltaba algo para dar sentido a su vida. Me encantaba cuando contaba como al pasar por una Iglesia de Frankfurt vio el Signum Ordinis y se quedó totalmente impactado por lo que le sugería aquella imagen de Jesús salvando a un blanco y a un negro, a personas, culturas distintas. Cada vez que pasaba por la puerta se quedaba pensando, hasta que decidió entrar en aquella parroquia por el significado de aquel mosaico. Allí conoció a la comunidad de Trinitarios que atendía a los migrantes españoles y el carisma. Se apasionó por el mensaje tan revolucionario del Signum Ordinis. He de reconocer que ese testimonio también me ayudó a valorar y profundizar más sobre este poderoso signo que nos dejó el propio San Juan de Mata.
Recuerdo a Antonio en el Noviciado con Domingo Reyes, al poco de entrar se cerró la comunidad trinitaria de Alemania. Creía que lo mismo se volvía al enterarse, pero no fue así, estaba verdaderamente feliz con su vocación a pesar de las dificultades con el español o lo lejos que estaba de su familia. También lo recuerdo estudiando la Teología en Granada, recomenzando después de haberlo tenido todo. Siempre preocupado por los últimos en la Parroquia de Almanjayar y en la pastoral penitenciaria, donde fuimos voluntarios. Recuerdo la visita de sus padres que no entendían la religiosidad andaluza, como las guitarras en la liturgia o las procesiones. Estaban acostumbrados al órgano y otras manifestaciones de fe. Pero Antonio estaba feliz y ellos le apoyaban. Recuerdo un campo de Trabajo en Tánger , durante un mes, en el verano del año 2000 (arriba o abajo) en el que reflexionamos sobre la inmigración, el mundo islámico, la misión, el poder de los nuevos medios de comunicación como los teléfonos móviles… Recuerdo que Antonio dejó de fumar en aquel campo de trabajo. Con la teología y nuestro carisma él soñaba en ser misionero, incluso en un país islámico, en rescatar a niños esclavos en Sudán, en trabajar por los cristianos perseguidos…
Después fue tuvo varios destinos, todos en Andalucía, por donde pasaba levantaba pasiones y tenía muchos seguidores. Él aprovechaba ese don para evangelizar y para implicarse con los cautivos de hoy. Recuerdo la importante labor realizada en Antequera y en especial en la Fundación Prolibertas. Se implicó en los barrios más marginales como Almanjayar en Granada, siendo estudiante, como la Palma Palmilla en Málaga. Se llevaba genial y era respetado por todos los vecinos, valoraban su trabajo por los más necesitados.
También destacó en su trabajo en SIT a favor de los cristianos perseguidos. Tuvo la oportunidad de conocer la guerra y esclavitud de Sudán. Ese deseo misionero permaneció en su corazón hasta que ha podido realizarlo en su actual comunidad, en otro país, en otro continente, en Alhucemas, Marruecos. Ahí sigue trabajando con su sencillez, constancia y simpatía actualizando el mensaje del Signum Ordinis con inmigrantes, jóvenes y mujeres vulnerables, con su testimonio de presencia en medio del Islam, como signo de esperanza. ¡Gracias, Antonio, por tu vocación!
Sergio García